En esencia
El humano común y corriente se debate en una encrucijada de caminos, constantemente, día a día, donde puede elegir lo que considera correcto o reaccionar según los estímulos externos, pudiendo convertirse en el conductor de su existencia o en el seguidor de otros, decidir si se hace cargo de sus pensamientos, palabras y obras o si se deja llevar por sus deseos dándole satisfacción a su ego.
Resulta fácil culpar a otros de todos nuestros males, señalar a la política, a la religión, a la economía, culpar a los extraterrestres o a las personas que tenemos a nuestro lado. Resulta cómodo depositar la responsabilidad en los demás y sentirnos víctimas indefensas de un sinfín de desgracias y manipulaciones, y así poder quejarnos amargamente mientras seguimos con nuestra insulsa existencia.
Queremos conocer los problemas que nos someten y los medios empleados, queremos estar al tanto de todo lo que nos ocultan mientras nos convertirnos en consumidores de conspiraciones, queremos saber quiénes son los sujetos que actúan en la sombra y si alguien vendrá a ayudarnos… Pero luego, ¿qué hacemos con todo ello?.
¿Cuándo vamos a comprender que nosotros, todos y cada uno de nosotros, somos parte del sistema, sus pilares y su cimiento, sus proyectores y su alimento, sus muros de ladrillos y su adhesivo o pegamento? Somos nosotros, y no otros, quienes ponemos o quitamos a políticos y dirigentes, nosotros quienes les votamos para subir al poder, nosotros quienes permitimos que nos gobiernen, nosotros quienes nos conformamos ante la injusticia, el abuso y la discriminación. Todavía hay muchos ajenos a esta cuestión, creyendo que es cosa de esperar a que alguien venga a arreglarlo todo, y otros siguen buscando por aquí y por allá, perdidos en el laberinto de una mente atiborrada y perdida entre la ingente información.
Todo es cuestión de consciencia, pero también de responsabilidad, de voluntad de cambiar las cosas y de acción para llevarlas a cabo. Cada gota rescatada de la inconsciencia es un paso hacia la expansión, es terreno ganado de libertad, que más pronto que tarde tendrá su reflejo en la materia a través de la obra expresada y manifiesta. Pero hay que abandonar la sumisión, hay que dejar el derrotismo. No se puede cambiar nada desde la sobrecogedora visión del que se ha instalado en el victimismo, incapaces de tomar sus armas, atenazados por el miedo y la desesperanza, abrumados por el pasado y perplejos por el futuro.
El poder está dentro de nosotros aunque lo hayan querido ocultar. El miedo, la desidia y la culpabilidad son los grilletes que terminamos por aceptar, inmovilizando a la esencia, volviéndonos dóciles y sumisos, dejándonos conducir como ovejas y cediendo nuestra fuerza, nuestra energía, por manipulación, por abandono y por olvido.
Cada ser humano tiene en esencia la posibilidad de elegir y tomar las riendas de su existencia para conformar su universo particular, que aportará su nota al universo colectivo que habitamos. Todo cuanto nos rodea está atento, solícito y obediente a la frecuencia y vibración que emitimos, a cada decisión que tomamos. Si emitimos negatividad tendremos negatividad, si emitimos Amor tendremos Amor, si aceptamos la injusticia existiremos en la injusticia, y si obramos desde la libertad viviremos en libertad. Somos principio y fuente, generadores y creadores, hacedores y transformadores de realidades, especialmente cuando hemos formado nuestro propio centro de gravedad en Esencia, con consciencia y responsabilidad, siendo mantenido a través de la coherencia en intención y propósito.
No es cierto que no tenemos nada que hacer, no es cierto que no tenemos ningún poder, no es cierto que somos incapaces de cambiar las cosas. Esa es la programación que quieren que creamos, quizás la última que hay que vencer para que empiece el verdadero cambio. No es cierto que somos seres desvalidos a merced de las circunstancias y de quienes nos manejan. No es cierto que eres un don nadie, insignificante y anodino, ningún títere manejado, a no ser que decidas serlo.
Somos dioses en potencia, como Seres divinos por naturaleza, y como Humanos llamados a experimentar la grandeza de la Creación. Ser consciente de estas verdades que laten en cada corazón es conectar con la esencia particular, y con ella, participar de la Esencia de todas las cosas.
Ángel .º.


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