Ego al desnudo
Durante muchos años se expresó libremente, a salvo de la observación de la consciencia y sin la amenaza de ser sometido por una autoridad superior. Campeaba suelto y a sus anchas sólo incordiado a veces por unos molestos principios o códigos internos que no podía traspasar, pero como amo y señor de su mundo, como dueño del discurrir de los acontecimientos para reaccionar, pensar, opinar, juzgar, discutir y pelear según su parecer y deseo.
Pero un día fue descubierto, una luz desconocida iluminó el cielo de su firmamento y lo observaba en su proceder. Inquieto, empezó a incomodarse por aquella luz incipiente, pues siempre había gustado de la oscuridad y se desenvolvía cómodamente entre las sombras, haciendo y deshaciendo a su antojo. La luz le incordiaba, pero no tardaba mucho en desaparecer, además no era una luz potente sino temblorosa y titilante.
Prosiguió con sus quehaceres sin darle demasiada importancia, pero la luz insistía en volver y cada vez brillaba con más fuerza. Su mundo de sombras y penumbras se estaba convirtiendo en un lugar de resplandores, de luceros y estrellas fugaces que lo parecían arrinconar.
Entonces la inquietud se empezó a tornar en sensación de amenaza, pues sabía que en esa luz que comenzaba a invadirlo todo no podría seguir siendo el que era, no lo dejaría gobernar. Porque la luz iba teniendo Presencia propia, un orden en el caos, una irresistible autoridad.
Como buen estratega y superviviente, astuto y pertinaz, decidió vestirse como las luces y como ellas intentar brillar. Camuflado y sigiloso, taimado y solaz, tomó de las luces algunas propiedades que empezó a imitar, de esta manera la luz lo confundiría con su igual.
Ya no anda a oscuras, ahora es sombra de la claridad, entre la luz a escondidas y sigiloso en su caminar. Toma el mando menos veces y cuando lo hace se ha de ocultar, disfrazado de rectitud y ataviado de ejemplaridad. Deslumbra con su conocimiento, da lecciones de moralidad, ensaya falsas sonrisas y hasta profesa la santidad.
Pero cuando la luz se hace espíritu y éste albergue la inmensidad, no habrá sombras camufladas ni escondites para la oscuridad… habrá un océano de pureza, habrá un sol en la eternidad.
Ángel .º.


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